Debo reconocer que mis emociones de frustración sobre la primera final fueron alarmantes. Mis expectativas para doblegar la adversidad me supero y creí que ya todo estaba perdido. ¿Eso me hace mal hincha? tal vez, ¿Eso me hace menos Hincha? No creo. Las razones del fanatismo no van en cuenta en los milagros a considerar, van principalmente en el "aguante", en el apoyo incondicional, en el amor por la camiseta y en la nula idea de reciprocidad. El Hincha debe estar, con o sin fe, debe estar, y yo estuve ahí, fui parte de los 18 mil hinchas azules que van a marcar parte de un pedazo de historia glorioso, y sin duda, inolvidable.
Llegamos al estadio con la idea de provocar un desbarajuste gigante a la normalidad.
Por un lado caminaban con exceso de triunfalismo miles de "rubiecitos" con la polera cruzada, por momentos me sentía en el INTERESCOLAR DE ATLETISMO, y es que la católica más allá de los estigmas sociales, es un equipo de "pijes". Por el otro una turba de azules desafiantes, sin la verborrea habitual, pero con las ganas intactas de machacarle un buen "derechazo" a la historia.
Nosotros que teníamos entradas para marquesina, hicimos el intento de entrar a la galería, esa fue una primera gran señal. Los guardias privados contratados por las "monjas" reacios en sus formas y con mentes "castrenses" diminutas no sopesaron nuestras ganas y nuestro estilo, nos negaron estar con la barra, con los incondicionales, con aquellos que conmueven por su fidelidad, por su canto desgarrador, con ellos, que tras el 0-2 del primer partido en tan sólo dos horas agotaron las entradas disponibles, con ellos que siempre han sido ninguneados por la prensa, omitidos en importancia, devaluados injustamente.
Ellos levantaron al equipo, ellos son quienes ganaron en primera instancia este campeonato, uno de los más lindos que se tenga recuerdo. Los de abajo es el reflejo del poder de la gente. Nunca abandonaron, soportaron, estimularon, dieron una cátedra de lo que es ser de la U, de lo que son los de abajo y la diferencia que hay entre nosotros y los demás.
Al entrar hicimos un grupito de "picantes" en la zona baja de marquesina, pegados al costado sur nos ubicamos un grupo de no más de 50 azules. Rodeados de bullangueros burgueses y monjas reaparecidas, con ceño adusto, papa en la boca y extrañados ante el smog ñuñoino. Éramos una rareza, pues eran más y lo hacían saber. Coreaban uno que otro CE A TO LE I con la vergüenza que les da no ser participes de lleno en este deporte popular, sus sueños no van de la mano con el fútbol, sus hijos no serán futbolistas, a lo más un par de acciones y decir en el matrimonio de la tarde, "Fui a ver a la cató". Nos exigieron sentarnos...duramos 2 minutos sentados, segunda gran señal.
El partido fue siempre de la U, no hubo dudas, mientras ellos golpeaban, la U se volcaba en terreno ajeno, y llegaba y atacaba. Curiosamente Católica cada vez que atacaba hacia daño, daba miedo, pero son cagones, y sus hinchas no cantaban, su DT sólo miraba, sus jugadores se arropaban...En la U, sus jugadores ponían la pasión, el dt su convicción, nosotros la garganta. Todos unidos, decíamos "nosotros amamos a este equipo, amamos el fútbol, somos la U...uds, no nos ganan".
El partido fue electrizante, tuvo de todo, la desesperación de católica condujo a que nosotros nos entusiasmáramos, y la U no perdono. Fue un equipo grande, con mística, "dame una y te clavo", se asustaron, nos dieron el campo de juego.
Le dije a Juanjo, quien llego con mucha más fe que yo, Lo ganamos. Él estaba convencido. 2-1 el primero tiempo. Al baño.
En el baño éramos sólo gente de la U, tomando agua, gargantas cansadas...los cruzados, meando.
Llegó la noche, pitó Osses, arrancaron los últimos 45 minutos (en rigor, 49)...todo fue rápido, jugadón de Canales...Penal...gooool... "salta en el tablón, salta en el tablón, que vamos a salir campeón" el estadio rugia por todos lados, la fuerza de la azul era impresionante. católica echado atrás, la U atacando, jugada de Canales que abre a la izquierda, Puch que hace jueguito, (una de Puch, una de Puch, con una estamos...) dispara, ...Canales toca...adentro...goooooool!!! fue explosión, fue locura. Mi alma se desarmaba en ese instante y ya no había nada importante en mi vida más que esa cancha, ese momento, lo que estábamos logrando.
Católica seguía pegando, nosotros perdiéndonos goles...y es que ser de la U implica sufrir hasta el final. Fatigaba el tiempo, la voz no salía y la emoción era trastocante. "que se acabe, que se acabe" la tensión que sentíamos era enorme, pero lo íbamos a ganar.
Pitazo final...La U campeón, lo dimos vuelta, jubilo que resonó en todas las células de mi cuerpo, atrás los hinchas cruzados salían "puteando" y exagerando la magnitud de la presencia referil, nada más alocado. Nosotros estábamos ahí, viviendo algo inexplicable, que sólo se llega a entender cuando los de abajo dice: "mis hijos serán del bulla antes que abra los ojos..."
Todos a celebrar, Pepé Rojas levantaba la copa, la tercera y última señal, somos la U y con el Bulla siempre todo es posible. Lección de vida para mi, que suerte aprender de esta manera.
Somos la U, somos la U…
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